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Testimonios. Espiritualidad - Depresión

 

ACEPTAR SABOREAR LA VIDA

ANTES DE COMPRENDERLA

 

 

 

Hijo único de una familia del Berry (provincia francesa), mi infancia se desarrolló de forma aparentemente apacible en la ciudada de Châteauroux, cerca de una madre que no me privó de afecto sino todo lo contrario, ya que me oprimió y mimó con un amor desbordante. Demasiado sensible y ávido de lo absoluto, padecía un exceso de idealismo que la realidad contradecía en cada instante al ser cada vez más desfasada en relación con mi mundo interior. Al final de mis estudios superiores, me hundí en una depresión nerviosa, provisionalmente curada con terapias y medicamentos. Encontré un buen trabajo pero debajo de este aparente éxito social, la falla seguía presente, ese desfase intolerable entre ideal y realidad, que provocó una segunda depresión a la edad de treinta años. Después de este otro shock, ya no podía estar sin calmantes. Los tomaba sin parar, colocándolos en los bolsillos de mi chaqueta, en mi coche, mi abrigo, los cajones de mi despacho... absolutamente horrorizado ante la posibilidad de estar sin ellos. Me encontraba en una situación de total dependencia.

Mi necesidad de absoluto se transformó

Me atendió un medico que se tomó el tiempo de escucharme y me ayudó a disminuir las dosis de calmantes. Sin embargo quedaba en mi un profundo malestar que se fue disolviendo a lo largo de los años, a partir de mi entrada en IVI, en febrero 1984. Siempre había buscado ardientemente y sin éxito una explicación a la vida, al mundo... La encontré a través de las palabras de la fundadora de un movimiento ecuménico de grupos de oración. Su mensaje iluminó las zonas oscuras ocultas en lo mas profundo de mi ser. Sentí la evidencia de la presencia de Dios, la continuidad entre el amor humano y al amor divino que puede expresarse en cada instante a través de los pequeños momentos de lo cotidiano. Al ser colmada mi necesidad de absoluto, esta reconstrucción me fue devolviendo la salud. Me llevó a romper mi idealismo sin dejar de mantener mis referencias de lo ideal. El ideal nefasto es el idealismo que desprecia lo cotidiano, la sociedad. Con este desprecio, se aleja uno de toda satisfacción. Dios es discreto, presente en el silencio, en las cosas grandes como en las pequeñas. Encontré la unidad, la coherencia con mi mundo interior y, por instantes, una paz indecible.

Modificar mi manera de pensar mejoró mucho mi salud

Me casé en 1989. Mi madre no había favorecido mis relaciones con las mujeres pero se desvaneció mi hostilidad hacia ellas. Mi grupo de oración me ayudó mucho: es esencialmente un grupo de mujeres y ¡yo soy el único hombre! Progresivamente descubrí en este grupo unas amistades que no eran obvias al principio. Dios nos propone su amor en el fondo de nuestras mayores incomprensiones y de nuestras faltas más importantes.

Terminé aceptando esta sensibilidad demasiado grande que me vuelve vulnerable. Es un rasgo de mi carácter, un poco como los ojos verdes o marrones... Gracias a la dinámica de las oraciones que me rodean, voy viviendo una situación privilegiada aunque no del todo asentada en cuanto a equilibrio y armonía interior. IVI no es un seguro a todo riesgo ni de todo confort, es una aventura muy exigente. La modificación de mi manera de pensar ha mejorado mucho mi salud. Esta transformación interior ha conocido fases muy fuertes y muy rápidas y etapas mas pesadas, mas largas, sobretodo los tres primeros años, marcados por avances y retrocesos. La transformación es permanente, luego llega el estado en que uno lo ve todo más claro, cuando uno ha desbrozado lo esencial de sus problemas.

Hay que tomar el bastón de peregrino, avanzar con firmeza y abandonar las tierras de la introspección que ya carecen de importancia... Entonces se hacen claras las palabras de Cristo: “Toma tu vida y sígueme”.

Víctor
Movimiento Invitación a la Vida. Francia

 

 

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