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Espiritualidad y Depresión

LA CIENCIA AVALA

LOS BENEFICIOS DE LA ESPIRITUALIDAD

 

 

 

El término espiritualidad proviene de la raíz latina spiritus, que significa “aliento”, en referencia al aliento de vida. Se vincula con abrir receptivamente nuestras emociones, intelecto, sensaciones, todo lo que constituye nuestro “ser” para vincularnos con el núcleo esencial de nuestro existir: lo sagrado, la identidad constitutiva sólo del ser humano que articula todo. Que la fe mueve montañas es una afirmación presente en los evangelios que hoy la ciencia señala como posible a la hora de vincular espiritualidad y calidad de vida, también en lo referente a la salud mental.

Hasta hace muy poco tiempo, la investigación formal de la espiritualidad, con bases científicas, se consideraba imposible e inútil. Esta perspectiva tuvo su origen en el siglo XVII, cuando el filósofo René Descartes formuló una división tajante entre lo material y lo espiritual; misma que se afianzó en el XVIII, cuando Immanuel Kant advirtió sobre el límite de lo que puede conocerse.
Sin embargo, en 1810, los médicos alemanes Johann Spurzheim y Franz Joseph Gall, creadores de la frenología –una corriente psicológica muy en boga en el siglo XIX, según la cual las facultades psíquicas están localizadas en zonas precisas del cerebro y en correspondencia con relieves del cráneo–, realizaron las primeras asociaciones anatómicas con funciones cerebrales, postulando los benéficos campos del cerebro que son activados cada vez que un ser humano despliega su ‘actividad’ espiritual o más bien, hace patente en la praxis su ser espiritual.

En 1997, la física y filósofa Danah Zohar introdujo el término “inteligencia espiritual” en su libro ReWiring the Corporate Brain: Using the New Science to Rethink How We Structure and Lead Organizations. Años después desarrolló el concepto con otro investigador, Ian Marshall, y en 2000 publicaron SQ: The Ultimate Intelligence (Coeficiente espiritual: La inteligencia máxima).
La idea de una inteligencia dedicada a la trascendencia recibió de inmediato oposición del sector académico más conservador. No obstante, recientes evidencias neurológicas, psicológicas y antropológicas han revelado una presencia suficiente para considerarla un objeto serio de estudio, y varios laboratorios y centros de investigación en el mundo han profundizado en el tema .
A diferencia del coeficiente intelectual, cuya máxima expresión podría tener su correlato incluso en una supercomputadora, y de la inteligencia emocional que existe en los mamíferos superiores..., la inteligencia espiritual sería la única distintiva de los humanos. Además, resulta ser la más fundamental de las tres descritas, ya que esta relacionada con la capacidad de encontrar el significado y valor de la vida.

De tal manera, la inteligencia espiritual funciona como un marco dentro del cual actúan el coeficiente intelectual y la inteligencia emocional para expresar así nuestras capacidades, mejorando nuestra vida y la de los demás.

 

Hoy en día, los investigadores cuentan con herramientas como la resonancia magnética funcional, la tomografía por emisión de positrones y otros equipos de investigación con los que examinan el cerebro de monjes, religiosas y personas comunes, en busca de las bases fisiológicas de las experiencias espirituales.
En primer lugar, se ha descubierto que la sensación espiritual de comunión con un ser superior no corresponde, como se pensaba, a una región específica del cerebro. Una investigación realizada en 2006 por el neurocientífico Mario Beauregard, de la Universidad de Montreal, en Canadá, describió la participación y activación de varias regiones cerebrales en el transcurso de la vivencia espiritual. Para efectuar el análisis, su equipo hizo la resonancia magnética del cerebro de 15 monjas carmelitas, a quienes se pidió que revivieran la experiencia mística más intensa que hubieran vivido mientras se les practicaba el examen. El estudio de Beauregard encontró que la experiencia espiritual activaba más de una docena de diferentes áreas del cerebro al mismo tiempo, muchas de las cuales tienen también directa incidencia en el ámbito emocional, autoconciencia y otras semejantes relacionadas con una buena salud mental del individuo.
Otro investigador, Richard Davidson, del Laboratorio de Neurociencia Afectiva de la Universidad de Wisconsin (EU), y especialista en el estudio de la relación entre cerebro y emociones, ha tenido resultados similares al observar, también con técnicas de neuroimagen, el cerebro de monjes en meditación al enfocarse en el sentimiento de compasión. Los cambios cerebrales examinados señalan que esta práctica produce indicadores de un estado de elevado bienestar.
Además de Davidson, Alan Newberg, de la Universidad de Pennsylvania (EU), realizó estudios en los que registró cambios en la actividad neuronal de monjes durante un ejercicio de meditación. Sus experimentos indicaron que, mientras tenían la experiencia, se observaban cambios significativos en las áreas frontales, parietales y en regiones subcorticales del cerebro, como la amígdala, lo que sugiere que la experiencia espiritual podría correlacionarse directamente con procesos neuronales de determinadas estructuras cerebrales. Iguales cambios benéficos se observaron en religiosas franciscanas durante su oración, que ellas describían como una sensación de cercanía y unión con Dios.
Todos los estudios señalan que el ejercicio cotidiano de la espiritualidad tiene directa incidencia en mejorar el bienestar de la salud mental del individuo, generando asimismo las condiciones para un desarrollo potenciado del propio coeficiente intelectual y una adecuada expresión de la inteligencia emocional.

Resúmenes de algunos estudios:

Rasgos de la Inteligencia Espiritual según Danah Zohar
· Capacidad de flexibilidad.
· Grado elevado de autoconocimiento.
· Capacidad de enfrentar el dolor.
· Capacidad de aprender con el sufrimiento
· Capacidad de inspirarse en ideas y valores.
· Rechazo a causar daños a otros.
· Tendencia a cuestionarse sus acciones.
· Capacidad de seguir sus ideas yendo contra las convenciones.

Habilidades de la Inteligencia Espiritual según Emmons (2000)
· Capacidad de Trascendencia: del mundo físico y cotidiano para tener una percepción más elevada de sí mismo y del mundo circundante.
· Capacidad para entrar en estados iluminados de conciencia, es decir, una experiencia mística acerca de lo sagrado.
· Capacidad de significar la actividad y los acontecimientos con un sentido de lo sagrado: para él significa ver los acontecimientos con un propósito y con una perspectiva personal.
· Capacidad de utilizar recursos espirituales para solucionar problemas de la vida, es decir, incorporar en las soluciones la perspectiva espiritual.
· Comportarse de un modo virtuoso, es decir, el comportamiento conciente a las tareas y responsabilidades de la vida.

Manifestaciones de la Inteligencia Espiritual según J. Menegatti
· Fe.
· Esperanza.
· Perdón.
· Capacidad de arrepentimiento diferente a la culpa.
· Humildad.

 

 

Fuentes:
1. Zohar & Marshall, SQ: The Ultimate Intelligence, 2001
2. Robert A. Emmons International Journal for the Psychology of Religion, 2000, Vol l0(l), 57-64
3. Robert A. Emmons, The Psychology os Ultimate Concerns: Motivation and Spirituality in Personality, 2003.
4. J, Menegatti, Ref. WorldWideWeb, articles. 2007, 2008, 2009.