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Testimonios. Aborto - Depresión

 

 

 

 

 

 

.....EN CAMINO... HACIA LA PAZ

 

 

A mis 16 años quedé embarazada y de inmediato me practiqué un aborto. Esta decisión que estuvo basada sobre mentiras y desinformación, me causó por muchos años una angustia y depresión que creí me acompañaría toda la vida. Esta es mi historia:

Agosto de 1977.
Al quedar embarazada lo supe porque me realicé un test gratuito en el Departamento de Salud Pública de mi ciudad y ellos me llamaron a la mañana siguiente. El consejero me preguntó de inmediato qué quería hacer. ¿Qué era lo que quería hacer? Recién empezaba a “experimentar” mi sexualidad. No suponía que me quedaría embarazada. Eso le ocurre a otras personas, no a mí. Le respondí al consejero... “No sé, quizás abortar. La verdad no lo sé”. El consejero fijándose en mi declaración se ofreció para hacerme una cita en una clínica abortiva de Dallas. Le agradecí. Nunca me entregó consejo alguno o me ofreció alguna alternativa diferente al aborto. Mi aborto fue financiado por el sistema público.
Pocos días después llegué a la clínica abortiva en Dallas. Al llegar fui “aconsejada”. El consejero me mostró la foto de un feto de seis semanas de vida que parecía como hígado picado. Me dijo que en esta etapa el feto no era un bebé, sino nada más que “un montón de tejidos”. Me informó que el procedimiento era igual que nada. Que no pasaría de sentir algo similar a calambres menstruales y muy poco más como efecto secundario. Agregó que debería permanecer allí una hora después del aborto (cosa que no hice) para vigilar algún posible sangrado. Luego, me dio una pastilla de morfina y me ofreció una inyección de morfina si quería, no la acepté. Fui llevada a la sala de procedimiento y me situaron en posición como para examinarme. El doctor dilató mi cerviz y procedió a insertarme una aspiradora. Sentí cuando el bebé fue atrapado y de inmediato comencé con fuertes calambres. El doctor terminó y sacaron la botella (que contenía a mi bebé) fuera de la habitación, antes que la pudiese ver. Mirar a tu hijo, que hasta hace unos minutos dormía plácido en tu vientre, hecho trizas en una botella de vidrio, descontrolaría a muchas.
Luego me llevaron a otra sala para dejar espacio a otra mujer que había tomado la “opción” de asesinar a su bebé. Los calambres continuaron el resto del día y yo me sentía triste y vacía, como si me hubieran arrancado una parte del alma.
Cuando miro hacia atrás a mi vida post-aborto, me doy cuenta que muchos de los errores que cometí y los creados por mí misma, se debieron a la imagen inconsciente que tenía de mí: yo había matado a mi propio bebé. ¿Cómo podría alguien amarme cuando no podía amarme a mí misma?

Empecé a beber en exceso y a consumir drogas. Tuve una grave depresión que me llevó a pensar en suicidarme. Tuve pesadillas horribles donde veía a bebés y otra gente tratando de matarme. He llorado mucho. Por años traté de olvidar lo que hice, pero es imposible. Hoy tengo dos hijos conmigo, pero también tengo constantemente ante mis ojos a mi hijo muerto e imagino lo que él habría hecho si hubiera vivido. Sé que la mayoría de las mujeres que deciden abortar experimentan los mismos sentimientos. Rezo todas las noches para que Dios permita a mi bebé saber que no lo maté porque lo hubiese odiado...


Jeanne Clarck
Revista The PostAbortion 3(4)